viernes, 10 de febrero de 2017

...Todo?

Me acabo de dar cuenta de que no me acuerdo de cómo se bailan las sevillanas.
Y me las sabía todas. Cuando era pequeña, mi madre nos llevó a una academia.

Ahora ya no hay academias de sevillanas.


Íbamos los sábados por la tarde. Mi madre, mi hermana y yo. Y allí había muchas más madres con sus hijas. Aprendiendo a bailar sevillanas. En una sala de esas grandes con el suelo de madera y un espejo a pared completa. Mirándonos todas a ver si movíamos bien las manos. Siempre había alguna que movía las manos de maravilla, las demás no. Todo el mundo sabía bailar sevillanas. Era imprescindible.

Ahora los sábados por la tarde no hay ni una academia abierta.
De nada.
Ni siquiera de Judo. 

Mientras mi madre, mi hermana y yo estábamos en la academia de sevillanas, mi padre y mis hermanos estaban en la academia de Judo.
Antes es lo que hacíamos. Sevillanas y Judo.

No había otra cosa más que hacer, además de ver la tele e ir al campo. Bueno, y de mes en mes, ir al cine con los bocadillos de Nocilla, cuando costaba 20 pesetas (puff!) y tomarte una Fanta en un bar.


Antes no tomábamos Fanta todos los días, como ahora. Pero ni Fanta, ni Acuarius, ni nada. Ni chocolate, ni Nocilla, ni íbamos al cine, ni a un bar.
Antes íbamos a sevillanas y a Judo. Y había Tulicrem. Eso sí que era una maravilla, el Tulicrem...
Eran otros tiempos.
Hay que ver, que ni los más afortunados teníamos de nada.

Ahora tenemos de todo. Ahora tenemos academias de inglés, de baile, de oposiciones, de música, de dibujo, de pintura, de Kúmon, de preparación a Policía, de manualidades, de sushi, de robótica, de Patchwork, de amigurumis, de defensa personal, de uñas de gel, del cine y de la televisión.
Qué suerte tenemos. Foh.

Y eso que ahora hay cines con más kilómetros cuadrados que muchos pueblos, centros comerciales faraónicos, parques temáticos de toda clase, cruceros que parecen cuidades, rutas de senderismo por todos sitios, visitas guiadas a todos lados, centros de yoga y clases de pilates en cada calle, gimnasios por todas las esquinas, bares cada 2 metros, boleras, parques, centros de ocio con toda clase de todo, y toda clase de todo para pasar el tiempo.
Repito: Qué suerte tenemos. Foh.


Y con tantísima cosa que tenemos, nos falta tiempo para tenerlo todo. Y nos pasamos la vida subiendo una escalera interminable cuyo final es TODO. Y por eso nos pasamos la vida sin tiempo, porque lo queremos TODO.

Y tu madre está en el gym mientras tú vas a la academia de matemáticas, tu hermano entrena al baloncesto, tu hermana está en el conservatorio y tu otro hermano en Kúmon, porque le cuesta concentrarse.
Tu padre está con la bici mientras todos los demás hacemos todo eso. TODO.
Lo queremos siempre TODO.


Amor, dinero, salud, un novio, un lifting, un apartamento en la playa, una autocaravana, un paseo por el Sena, una moto, al vecino, al marido de la vecina, a la amiga de tu mujer, un adosado, un Lamborgini, un viaje al Caribe, un hijo, unas vacaciones, una fiesta entre amigos, una excursión al campo, una barbacoa con los vecinos, un finde en la Alpujarra, una visita a los abuelos, comprar una tele más grande, un poco de ejercicio, unas cañas con los del trabajo, una Thermomix, reformar el salón, un día de playa, un mes en Londres, coser los tomates de los calcetines, plantar unos rosales, arreglar el aplique del baño, un título, un despacho, una marca, una nota, un puesto, una talla, un compromiso, un ascenso, un respiro, tiempo...

Y por querer tenerlo todo, no tenemos lo último de la lista, que es lo único que de verdad necesitamos, TIEMPO... Porque lo demás, más o menos, ya lo tenemos TODO.


Nacemos y ya empezamos a subir escalones, día a día, durante semanas, meses años.... Sin parar de subir, de día y de noche. Siempre mirando hacia arriba, sin perder de vista el tan ansiado deseo. Y cada vez te queda menos para alcanzarlo, por eso sigues subiendo sin pensar en otra cosa, porque eso es lo más importante de tu vida, y lo quieres sí o sí, a toda costa. Y mientras subes con la mirada fija hacia arriba, te estás perdiendo todo lo que ocurre a los lados.

Y es lo único en lo que piensas, y no quieres pensar en otra cosa.
Unos suben en ascensor y otros a pié, según la vida que le haya tocado vivir a cada uno.
Pero todos quieren llegar al mismo sitio.

Y van pasando los años, y cada vez tienes menos fuerzas. Tus piernas flaquean y tu corazón no acompaña. Pero sigues subiendo, más lentamente ya, pero alcanzar tu maravilloso deseo te empuja a no tirar la toalla. Aunque no puedas pararte a descansar, o a contemplar el paisaje, o a darte un capricho y comerte un bocadillo de nocilla. No te paras a disfrutar de las pequeñas cosas, porque tienes prisa en llegar a la meta, ya sea tener un buen puesto de trabajo, un coche más caro o un cuerpo perfecto.


Vivimos siempre deseando algo que no somos o tenemos. No nos damos cuenta de que lo que somos o tenemos, es lo que hay, lo que nos ha tocado ser o tener, y oye, ¡no está nada mal!, siempre podía ser peor. Pero no, vivimos empeñados en ser más y más, en tener más y más.
Pues yo creo que voy a dejar de subir escalones y me voy a quedar donde estoy. Seguid subiendo vosotros si queréis, que yo me quedo aquí, que tengo todo lo que necesito y estoy a gusto.
No necesito más.

Y ya no vamos los domingos al campo con la tortilla de patatas, ni vamos al cine en familia, ni vemos a los amigos todo lo que queremos, ni siquiera los llamamos. Porque no tenemos TIEMPO. Porque lo queremos tener todo, y en ello se nos va la vida. Y al final, no tenemos NADA. Porque vivimos ansiosos por alcanzarlo TODO, y mientras, no tenemos NADA.


Preferimos ir a pegar tiros a un campo con bolas de pintura para desestresarnos antes que hacer un picnic en el parque con los hijos. Preferimos tener una tele más grande que la pared del salón antes que sentarnos a ver E.T. con los hijos. Preferimos estar en todos lados antes de donde tenemos que estar. Con los hijos. Como estuvieron nuestros padres, con nosotros.


Antiguamente, los padres no nos ayudaban con los deberes, pero sí nos llevaban los fines de semana a la sierra o a la playa.
Antiguamente no teníamos 250.000 marcas de pan de molde, sólo había Pan Bimbo.
Antiguamente usábamos los zapatos hasta que nos entraba agua por la suela.
Antiguamente, sentarse en un bar a tomarse una fanta era un lujo, y ahora los niños ya están hartos de todo.
Antiguamente nos mandaban a comprar tomates a la tienda de al lado, y no era un trauma ni un peligro.
Antiguamente los niños jugábamos en las calles, y ahora viven pegados a aparatos que los hipnotizan.
Antiguamente leíamos a Mortadelo y Filemón, ahora escuchan reggaetón.

Antiguamente, vivíamos.
Lo teníamos TODO sin tener apenas NADA.

Pero ahora, ahora ya no hay ni academias de sevillanas...


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2 comentarios:

  1. Quizás buscamos TODO porque el ser humano está absolutamente perdido, corriendo ansiosamente hacia una meta ficticia llamada FELICIDAD, antologica mentira, cuando lo único que importa en esta vida son muy pocas cosas. Vamos ganando para ir perdiendo. Bueno como siempre. Enhorabuena.

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    Respuestas
    1. Qué bien escribes. Y luego dices que no. Léételo otra vez anda, y deja de subir escaleras, y párate aquí que se está mucho mejor...
      Gracias 😘

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