sábado, 18 de febrero de 2017

Raza "humana"...

La raza humana no es una sola raza. No todos somos iguales, ni tenemos las mismas costumbres ni capacidades.
Dentro de la raza humana hay muchas sub-razas. Y no me refiero a colores o étnias.

Imaginad "Hombres, mujeres y viceversa". Un chico de esos clónicos hinchados, rapados y con pendiente, manteniendo una "conversación" con una chica de esas clónicas, siliconadas, con extensiones y pendientes de aro gigantes y dorados. Si te paras a escucharlos un minuto, te pareciera que hablan otro idioma distinto al tuyo, y te cuesta distinguirlos entre ellos. Eso sí, por los nombres te será más fácil: Yeni, Yosua, Crístel, Robert, Johny, Tamara, Melani... Está claro que vienen de otro planeta.




Ahora pensad en "Saber y ganar". Ese mítico Jordi Hurtado, con esos dientes, esas chaquetillas con olor a alcanfor, esos concursantes tiesos, serios y soporíferos, y ESA SEÑORA QUE SALE SÓLO PA DECIR UNA SONRIENTE FRASE ESTIRADÍSIMA! La frase y la señora.
Y le pagarán por tan arduo trabajo?....



Y ahora... Pensad en El Programa de Ana Rosa. Por ejemplo. Esas CACATÚAS PINTORREADÍSIMAS!, que no pueden ni reírse de lo estirás que están, todas con las piernas cruzadas de una forma rarisima, y esos diálogos aburridísimos... Y lo mismo te hablan de la niña descuartizada en Pinto, que del nuevo amor de Chábeli... Y todo con la misma expresión y postura... Menos mal que han fichado a Mario Vaquerizo, al menos hay alguien normal entre tanta estatua de cera con zapatos caros y perfume de Dior...


Venga que vamos bien.


Y ahora.... Ahora pensad en esos soporíferos debates deportivos domingueros, en los que analizan al milímetro cada centímetro que recorre el balón por el césped, y cada uno de los pestañeos de todos y cada uno de los 22 futbolistas que ocupan el Estadio de San Mamés. No sé si son 22. Los que sean. Y con ese argot que tienen, que la carne en el asador debe estar ya churrascá... Qué cansinez...



Mmmm....y esa Cayetana Guillén Cuervo, en su "Cine de La 2", más tiesa que la Preysler pero con la mitad de años, encantada de haberse conocido, entrevistando a los actores o directores con cara de ser más que nadie, y esa sonrisilla tan falsa... Ahora que lo pienso, en La 2 deben tener el secreto de la eterna juventud, porque ésta y el Jordi Hurtado, están más jóvenes que cuando yo los veía de pequeña... Ana Rosa Quintana también, pero se ve que le pagan más en la otra cadena...




Cuarto Milenio... Ese programa donde un señor habla con cara de susto y habla que da más susto todavía, aunque te hable de un vertedero de ruedas en Valdemoro... O de las pirámides, o del espíritu de la niña del hotel abandonado... Da igual, el caso es dar miedo.





Y Sálvame! Puff, en Sálvame han metido a todos los que sobran de todos los demás programas, por no pegar en ninguno. Menuda pandilla, a cuál más repintao y más gritón! Madre mía, qué fauna más agradable para pasar las tardes de sobremesa...


Y cómo no!, los sempiternos debates políticos, patrocinados por la Conferencia Episcopal, donde llevan a un invitado de cada ideología para que se lleven la contraria los unos a los otros, y así pasar dos horas divertidísimas, para acabar igual que empezaron, sin aclarar nada a nadie.
Pero eso sí, cada 5 minutos una señora momia te suelta un anuncio de 15', vendiéndote las bondades de un colchón viscolátex por el módico precio de 89€ al mes durante 30 años, o el reloj estrella de Galería del Coleccionista, bañado en oro con diamantes de 87 kilates, por otros 90€ al mes... En fin.




Bueno, creo que ya os he puesto ejemplos suficientes como para que veáis algunas de las sub-razas que hay dentro de la raza humana.
Como veréis, en estos ejemplos, no hay dos que se parezcan. Tú no puedes sentar en el mismo plató a la Yesi de "Hombres, Mujeres y Viceversa" con Jordi Hurtado, o a Belén Esteban con uno de esos tertulianos políticos, o a Ana Rosa con el Robinson ese que habla de fútbol sin parar.

No, no todos somos iguales. Ni ante los ojos de dios ni ante los del espectador. Estamos en el mismo planeta, si, pero entre unos y otros hay unas diferencias más que abismales.


Pues a pie de calle pasa exactamente lo mismo. Aunque tu vecina tenga dos brazos, dos piernas y dos ojos como tú, a ella le gusta escuchar a Bisbal a todo volumen, vestir a la moda barriobajera y comer pizza los viernes, mientras que tú escuchas música clásica, vistes discreta y los viernes no cenas para limpiar el hígado. No tenéis nada que ver.

O ese marido que se pasa el día trabajando, y cuando llega se calza el disfraz de ciclista y se echa a las carreteras hasta la hora de cenar, mientras otro llega a casa y ayuda a bañar a los niños y a hacer la cena.

Y esa señora que lleva tantísimo maquillaje que apenas se le ve la cara, peinada siempre de peluquería, cargada de oros, vistiendo diseños caros y zapatos de marca, nada tiene que ver con la hippie que come de su huerto, va sin sujetador y amamanta a su hijo en plena parada de bus.

Somos muy distintos los unos de los otros. Mucho. Quizá demasiado. Y menos mal.


Y tendemos a juntarnos con gente que se parece a nosotros, porque pensamos que en ellos vamos a encontrar lo que nos gusta. Y tenemos miedo de mezclarnos con gente diferente a nosotros, porque lo desconocido asusta.
Nos unimos en guetos donde todos tenemos la misma pinta, olemos igual, comemos lo mismo, nos reímos de lo mismo y escuchamos la misma música.
Los pijos con las pijas, los heavys con las rockeras, los religiosos con las católicas, los musculitos con las siliconadas, los de pantalones cagaos con las de extensiones, los abogados con las procuradoras, los que tienen dinero con las que tienen dinero, los de barrio con las de barrio, y los médicos con las doctoras.
GUETOS. Círculos herméticos donde no entra nadie que no reúna las características del grupo.


Si un tío es de salir de fiesta bakalaera los fines de semana, jamás podrá ser amigo de una chica estudiante de medicina a la que le gusta Ismael Serrano. O una tía tatuada hasta las orejas con un chico tímido que estudia en el conservatorio de danza. O una chica que trabaje de cocinera en un bar, jamás podrá aspirar a casarse con un arquitecto millonario. Simplemente porque no rondan los mismos ambientes, y porque un millonario no se fija en alguien que no lo sea.
Al contrario sí, qué curioso...

En definitiva. Este mundo está lleno de gente. Seremos humanos, no lo sé, pero lo que sí sé, es que no somos iguales, sino todo lo contrario.

Nuestras diferencias nos separan cada vez más. Antiguamente era todo más homogéneo, había menos diferencias sociales, intelectuales y físicas. Bueno, también hay excepciones, como la de la pelandrusca que se casó con el Barón Thyssen, que curiosamente, detesta a la mujer de su hijo acusándola de ser una pelandrusca que ha ido a pillar a su hijo que es rico... Vaya por dios!







Tengo la gran suerte de tener amigos de todas las tribus urbanas. Desde los más hippies que viven en una casa de paja hecha por ellos mismos en mitad de un monte y comen lo que siembran, hasta los que tienen millones de euros y no saben ya en qué invertirlos.

Vamos, que si te viene tu hijo con una de esas con bottox en los labios, le haces la vida imposible hasta que la deje. O si llega tu hija con uno al que le asoman los tatuajes por el cogote, montas en cólera y le das a elegir entre su familia o él.


Y ¿Sabéis qué?, que el que es buena gente, lo es, ya conduzca un Aston Martin o vaya sin sujetador, ya sea camarero o arquitecto millonario, cantante famoso o repartidor de pizzas, toque el clavicordio o sea heavy satánico.
La raza humana es apasionante, porque habiendo nacido todos exactamente igual, con el paso del tiempo nos vamos moldeando hasta convertirnos en lo que somos, seres completamente diferentes los unos de los otros, y que miramos con recelo a los que no son como nosotros.


Luego ya, lo de ser buena persona o un hijo de puta, es cosa de cada uno. Es cierto que es complicado tener cosas en común con alguien de distinta capacidad intelectual que tú, o distinta clase social, pero es que tampoco damos oportunidad a ver qué pasaría.

En resumen, el ser humano es el menos humano de todos los seres.

Y luego está Mario Vaquerizo... Que aún no sé en qué raza meterlo, porque es como un mix de todas las demás. Está tatuado, pone morritos para las fotos, es millonario, está casado con una que podía ser su madre y va de punki.
. . .



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viernes, 10 de febrero de 2017

...Todo?

Me acabo de dar cuenta de que no me acuerdo de cómo se bailan las sevillanas.
Y me las sabía todas. Cuando era pequeña, mi madre nos llevó a una academia.

Ahora ya no hay academias de sevillanas.


Íbamos los sábados por la tarde. Mi madre, mi hermana y yo. Y allí había muchas más madres con sus hijas. Aprendiendo a bailar sevillanas. En una sala de esas grandes con el suelo de madera y un espejo a pared completa. Mirándonos todas a ver si movíamos bien las manos. Siempre había alguna que movía las manos de maravilla, las demás no. Todo el mundo sabía bailar sevillanas. Era imprescindible.

Ahora los sábados por la tarde no hay ni una academia abierta.
De nada.
Ni siquiera de Judo. 

Mientras mi madre, mi hermana y yo estábamos en la academia de sevillanas, mi padre y mis hermanos estaban en la academia de Judo.
Antes es lo que hacíamos. Sevillanas y Judo.

No había otra cosa más que hacer, además de ver la tele e ir al campo. Bueno, y de mes en mes, ir al cine con los bocadillos de Nocilla, cuando costaba 20 pesetas (puff!) y tomarte una Fanta en un bar.


Antes no tomábamos Fanta todos los días, como ahora. Pero ni Fanta, ni Acuarius, ni nada. Ni chocolate, ni Nocilla, ni íbamos al cine, ni a un bar.
Antes íbamos a sevillanas y a Judo. Y había Tulicrem. Eso sí que era una maravilla, el Tulicrem...
Eran otros tiempos.
Hay que ver, que ni los más afortunados teníamos de nada.

Ahora tenemos de todo. Ahora tenemos academias de inglés, de baile, de oposiciones, de música, de dibujo, de pintura, de Kúmon, de preparación a Policía, de manualidades, de sushi, de robótica, de Patchwork, de amigurumis, de defensa personal, de uñas de gel, del cine y de la televisión.
Qué suerte tenemos. Foh.

Y eso que ahora hay cines con más kilómetros cuadrados que muchos pueblos, centros comerciales faraónicos, parques temáticos de toda clase, cruceros que parecen cuidades, rutas de senderismo por todos sitios, visitas guiadas a todos lados, centros de yoga y clases de pilates en cada calle, gimnasios por todas las esquinas, bares cada 2 metros, boleras, parques, centros de ocio con toda clase de todo, y toda clase de todo para pasar el tiempo.
Repito: Qué suerte tenemos. Foh.


Y con tantísima cosa que tenemos, nos falta tiempo para tenerlo todo. Y nos pasamos la vida subiendo una escalera interminable cuyo final es TODO. Y por eso nos pasamos la vida sin tiempo, porque lo queremos TODO.

Y tu madre está en el gym mientras tú vas a la academia de matemáticas, tu hermano entrena al baloncesto, tu hermana está en el conservatorio y tu otro hermano en Kúmon, porque le cuesta concentrarse.
Tu padre está con la bici mientras todos los demás hacemos todo eso. TODO.
Lo queremos siempre TODO.


Amor, dinero, salud, un novio, un lifting, un apartamento en la playa, una autocaravana, un paseo por el Sena, una moto, al vecino, al marido de la vecina, a la amiga de tu mujer, un adosado, un Lamborgini, un viaje al Caribe, un hijo, unas vacaciones, una fiesta entre amigos, una excursión al campo, una barbacoa con los vecinos, un finde en la Alpujarra, una visita a los abuelos, comprar una tele más grande, un poco de ejercicio, unas cañas con los del trabajo, una Thermomix, reformar el salón, un día de playa, un mes en Londres, coser los tomates de los calcetines, plantar unos rosales, arreglar el aplique del baño, un título, un despacho, una marca, una nota, un puesto, una talla, un compromiso, un ascenso, un respiro, tiempo...

Y por querer tenerlo todo, no tenemos lo último de la lista, que es lo único que de verdad necesitamos, TIEMPO... Porque lo demás, más o menos, ya lo tenemos TODO.


Nacemos y ya empezamos a subir escalones, día a día, durante semanas, meses años.... Sin parar de subir, de día y de noche. Siempre mirando hacia arriba, sin perder de vista el tan ansiado deseo. Y cada vez te queda menos para alcanzarlo, por eso sigues subiendo sin pensar en otra cosa, porque eso es lo más importante de tu vida, y lo quieres sí o sí, a toda costa. Y mientras subes con la mirada fija hacia arriba, te estás perdiendo todo lo que ocurre a los lados.

Y es lo único en lo que piensas, y no quieres pensar en otra cosa.
Unos suben en ascensor y otros a pié, según la vida que le haya tocado vivir a cada uno.
Pero todos quieren llegar al mismo sitio.

Y van pasando los años, y cada vez tienes menos fuerzas. Tus piernas flaquean y tu corazón no acompaña. Pero sigues subiendo, más lentamente ya, pero alcanzar tu maravilloso deseo te empuja a no tirar la toalla. Aunque no puedas pararte a descansar, o a contemplar el paisaje, o a darte un capricho y comerte un bocadillo de nocilla. No te paras a disfrutar de las pequeñas cosas, porque tienes prisa en llegar a la meta, ya sea tener un buen puesto de trabajo, un coche más caro o un cuerpo perfecto.


Vivimos siempre deseando algo que no somos o tenemos. No nos damos cuenta de que lo que somos o tenemos, es lo que hay, lo que nos ha tocado ser o tener, y oye, ¡no está nada mal!, siempre podía ser peor. Pero no, vivimos empeñados en ser más y más, en tener más y más.
Pues yo creo que voy a dejar de subir escalones y me voy a quedar donde estoy. Seguid subiendo vosotros si queréis, que yo me quedo aquí, que tengo todo lo que necesito y estoy a gusto.
No necesito más.

Y ya no vamos los domingos al campo con la tortilla de patatas, ni vamos al cine en familia, ni vemos a los amigos todo lo que queremos, ni siquiera los llamamos. Porque no tenemos TIEMPO. Porque lo queremos tener todo, y en ello se nos va la vida. Y al final, no tenemos NADA. Porque vivimos ansiosos por alcanzarlo TODO, y mientras, no tenemos NADA.


Preferimos ir a pegar tiros a un campo con bolas de pintura para desestresarnos antes que hacer un picnic en el parque con los hijos. Preferimos tener una tele más grande que la pared del salón antes que sentarnos a ver E.T. con los hijos. Preferimos estar en todos lados antes de donde tenemos que estar. Con los hijos. Como estuvieron nuestros padres, con nosotros.


Antiguamente, los padres no nos ayudaban con los deberes, pero sí nos llevaban los fines de semana a la sierra o a la playa.
Antiguamente no teníamos 250.000 marcas de pan de molde, sólo había Pan Bimbo.
Antiguamente usábamos los zapatos hasta que nos entraba agua por la suela.
Antiguamente, sentarse en un bar a tomarse una fanta era un lujo, y ahora los niños ya están hartos de todo.
Antiguamente nos mandaban a comprar tomates a la tienda de al lado, y no era un trauma ni un peligro.
Antiguamente los niños jugábamos en las calles, y ahora viven pegados a aparatos que los hipnotizan.
Antiguamente leíamos a Mortadelo y Filemón, ahora escuchan reggaetón.

Antiguamente, vivíamos.
Lo teníamos TODO sin tener apenas NADA.

Pero ahora, ahora ya no hay ni academias de sevillanas...


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viernes, 3 de febrero de 2017

Amigos en Facebook...

A ver, voy a intentar explicarme lo más claramente posible.
Facebook es algo que tenemos todos hoy en día.
Lo tienen hasta perros, muertos, abuelas, famosos, políticos y hasta el Papa!
Bien. Cada uno lo usa para una cosa. Como le da la gana. Hay libertad digital. Estaría bueno.


Ahora bien. Dentro de FB, solemos tener tanto a amigos actuales a los que vemos con frecuencia y hablamos por Whatsapp, a amigos de la infancia o colegio a los que hace siglos que no vemos pero nos gusta tener contacto, a otros a los que vemos poco pero consideramos buenos amigos, como a conocidos de un día que nos cayeron bien.
Hay tal mezcla, que la mayoría de las veces, cuando vas a publicar algo, tienes que pensar durante hora y media si quien lo va a ver, debe verlo, lo lo va a entender, o te conviene que lo lea. Para eso están los grupos de privacidad, pero me niego a clasificar a mis "amigos" por "más amigos", "menos amigos", "nada de amigos".

Hay una solución para eso. Algunos me tacháis de radical, de borde o de lo que os de la gana, pero como dije en el primer párrafo, cada uno utiliza FB como le da la gana. Yo también.



Yo soy de las que publica lo que le apetece cuando le apetece, ya sea serio o broma, personal o público, y la verdad, me gusta saber quién hay al otro lado. Soy de las que podéis llamar "pesada", si, pero como ya he dicho en otra ocasión, FB es para eso, para comunicarse, porque para quedarse callado y leer lo que publican los demás, no es. Si todos hiciésemos eso, no habría nada que leer.
Es por esa razón, por la que un buen día, teniendo casi 400 "amigos", muchos de los cuales no recordaba ni quién eran, decidí hacer una de las ya famosas "limpias", que ya el que más y el que menos, ha hecho alguna vez.

Decidí quedarme sólo y exclusivamente con la gente con la que tenía cierto grado de comunicación; con la que tenía contacto físico fuera de la red; con los que aun no teniéndolo, les tengo cariño por una u otra razón; y con los que aun ni teniendo contacto externo ni teniéndole cariño, simplemente me gusta lo que publican e interactuamos frecuentemente.
De esta manera, podía publicar tranquilamente lo que me diera la gana sin riesgo de ser insultada por pensar distinto, o ser reprendida por publicar fotos de mi hijo, que como es mío, tengo libertad digital para hacer lo que me de la gana.

Es asombroso la de gente que tiene uno en FB y no le interesa, o no conoce apenas, o jamás ha cruzado más de 3 palabras. Y a eso le llaman "amigos"...



He analizado los perfiles de la gente que anda por Facebook, y he agrupado los distintos comportamientos en estas categorías:

1- Los que publican una tontería cada dos minutos, comparten absolutamente todo lo que ven que se puede compartir, suben 43 selfies a la hora para que les digas los guap@s que están, y te cuentan hasta cuando se tiran un peo o se le han pegado las lentejas. Insufribles.

2- Los que publican cada dos horas, músicas, pensamientos o cosas generalmente interesantes, pero que tanta intelectualidad tan seguida, cansa. Y ellos nunca hacen caso ni comentan las publicaciones de los demás. Ególatras.

3- Los que publican por la mañana y por la tarde. Esos están bien, no aburren pero te mantienen informado de su vida, que se supone que es para lo que se ha inventado Facebook y por lo que uno se mete en él. Molan.

4- Los que publican sólo cuando llegan a casa por la noche, generalmente hablando de algo del trabajo, o compartiendo alguna canción que les relaja. Buen rollo.

5- Los que no están enganchados, pero que sí aparecen cada dos o tres días, leen a los demás y quizá publican algo simple o le comentan algo a alguien. Sosillos.



6- Los que publican dos veces al año. Cuando se van de vacaciones y cuando vuelven de ellas.  Y no leen ni comentan nada de nadie. Idiotas.

7- Los que se hicieron FB y jamás han publicado nada. A la gente le gusta registrarse en todo lo que está de moda para poder decir que si, que usa las redes sociales, pero no distinguen Twitter de Tinder. Gilipollas.

8- Los que todos los días lo leen todo de todos, varias veces, pero se hacen los interesantes publicando espaciadamente, y generalmente fotos de viajes o cosas supuestamente ingeniosas para que los demás les tengan envidia y les pregunten. Fantasmas.

9- Los que suelen leer lo de los demás porque les interesa lo que cuenten sus amigos, dan a me gusta a las cosas que les gustan, y a las que no, no. Y para colmo, te comentan cuando les apetece. Chapó. Esa es la esencia de Facebook. Perfectos.

10- Los que sabes que te leen porque cuando te los encuentras en la calle se saben toda tu vida, y tú no sabías ni que lo tenias en Facebook. Egoístas.



11- Los que prefieren morir entre terribles sufrimientos, antes que publicar algo que no sean perros, gatos, cosas de fútbol, anuncios de su empresa, mítines políticos, frases de Coelho, Mindfulness o cursos de yoga/reiki. Monotema.

12-Los que siempre publican frases estúpidas dejando entrever que han ligado, o que están felices de la muerte, pero no lo dicen claro porque es mentira. Cutres.

13- Los que parece que se han tragado un calendario laboral o un parte meteorológico, que sólo publican "Feliz Navidad", "Por fin viernes", "Viva la feria de Sevilla", "Llegó el veranito!",  "Parece que va a llover",   "¡Que frío hace!", "¡Qué alegría de verano!". "¡Qué bonito es el otoño!" "Día de playita!". "Feliz san Valentín". Sosos máximos.

14- Los que le dan a me gusta a una foto tuya del año pasado, cuando pesabas 15 kilos menos y recién salías de la peluquería, y encima te dice ¡Qué guapa estás! Y tú, además de tener que recordarlo, tienes que contestar en público: "No, es de cuando pesaba 15 kilos menos, y estaba recién salida de la peluquería". Joputas.

15- Los que sabes perfectamente a qué cosas le van a dar a "me gusta". Pero ni comentan ni publican nada propio, si acaso comparten algo de otro. Previsibles.

16- Los que le dan a "me gusta" a todo. Cumplidos.

17- Los que no les gusta nada. Nunca. Son los FaceMudos.

18- Los que consumen pero no aportan. Tristes.

19- Los que no borran ni bloquean a quienes ya no son sus amigos, pero les ocultan lo que publican. Falsos.

20- Los que siempre están llorando por todo. Coñazos.

21- Los que siempre están felices por todo. Recoñazos.


22- Los que hablan en clave y nadie entiende. Modernos.

23- Los que critican a los que cuentan su vida, pero ellos la leen siempre y jamás cuentan nada de las suyas. Patéticos.

24- Los que aparecen en el momento justo, te sueltan lo primero que se les ocurre y te riiiiies muchísimo! y te alegran la tarde. Imprescindibles.

25- Los que apenas entran, pero los quieres tanto que aunque ni lean, ni publiquen, ni le den a "me gusta" a nada, quieres tenerlos cerca. Amigos.

26- Los que cuando tú publicas que estás feliz y contenta, te comentan cosas pa que dejes de estarlo. Envidiosos.


Bien. Llegados a este punto, os explico mi visión del tema.
Estoy harta de oír: "Facebook es una red social, no es la vida misma". 
Pues pa mi si.
¿Quién coño ha dicho que FB no sea la vida misma?
Es exactamente lo mismo, sólo que estás en tu casa en pijama en la gloria, en vez de tener que estar muerta de frío sufriendo los tacones para tener vida social y estar en contacto con tus amigos.

Mucho más cómodo que la vida real es. Y sale más barato. La de bares que te ahorras pudiendo hablar con 12 amigos en un día, saber cómo están. Reírte un rato, saber que tienes gente que te quiere, decirles que tú también a ellos, y quedar pal día siguiente. FB no aísla. UNE!

¿A cuantas de las personas que tenéis en FB, si no fuera por FB, habríais pedido la pista hace años luz? 
Y ¿no es maravilloso? Poder estar en contacto con tu mejor amiga del colegio, 45 años después de perderos de vista, a la que ya no conoces en absoluto?

¿No es maravilloso saber cuantas cañas se ha tomado la ex novia de tu hermano a la que no borras porque te caía bien y a ti no te ha hecho ná?

¿No es estupendo que la ex cuñada del jefe de tu prima sepa lo que haces o dejas de hacer?



Pues tras esta extensa exposición de los hechos, creo que voy a proceder a una FaceLimpieza. Que ya toca.

Hace tiempo que hice la última, y desde entonces, he tenido la oportunidad de ir conociendo a gente que me caía tan bien como para querer tenerla en mi vida. Y también desde entonces, gente que había en mi vida ha dejado de caerme bien y sobraba en mi vida.
Como la vida misma.

Por estas simples razones, y como para mí, FB es imprescindible para mi vida (si, lo es), procedo a quedarme con aquellos que están dentro de los apartados: 3-4-5-9-24 y 25. Me voy a quedar con 4 gatos, pero serán los que quiero y me quieren.



No os sintáis agredidos ni vilipendiados los eliminados. Simplemente, ya no tenemos relación ni dentro ni fuera de FB, por lo que deduzco que ni me os intereso ya, ni vosotros a mi. Y en la vida real, no te paras a hablar por la calle con quien no te interesa. Bueno tú no lo se. Yo ya, no.

Me quedo con quien me alegra el día. Con quien tiene un minuto para comentarme o le gusta algo de lo que publico. Con quien forma parte de mi vida. Con quien me interesa y a quien le intereso yo. Bidireccionalmente. Porque una amistad, ya sea en FB o en la vida real, debe ser bidireccional. Si no, ni es amistad ni es ná.

P.D: El que no lea esto, se verá borrado y no entenderá por qué. Quizá porque ya no le importa una mierda como estoy. Y viceversa.
Y si es así, ¿para qué tenernos en FB?
¿Ni en la vida real?...

Que ya tenemos que aguantar demasiadas falsedades todos los días como para encima llegar a casa, encender el ordenador y tener que decirle ¡Guapa! a Maripili porque ha puesto oooootra foto más en la que está pa matarla. Y claro, si no se lo dices, se enfada...
Y precisamente esos que dicen "A mi es que el FB me la sopla", son los primeros que se enfadan si los borras... Ayyyy!!

Reivindico el derecho a tener en FB a quien me de la gana, sin por ello tener que dar más explicaciones. Y que cada uno, haga lo que quiera. 
Igual que en la vida real.


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